Todos los vicios son distintos. Los métodos que funcionan, no.
Llevamos años viendo el mismo patrón: la persona que no puede dejar el azúcar y la que no puede soltar el vape creen tener problemas distintos. No los tienen. Y los métodos que de verdad funcionan, en cualquier categoría, comparten una misma anatomía: atacan la raíz y no el síntoma, trabajan la mente y no la fuerza de voluntad, reentrenan los hábitos que quedan huecos, y acompañan en lugar de soltar.
Esa anatomía es el criterio de esta publicación. Con ella evaluamos cada categoría, y con ella otorgamos, una vez al año, el Método del Año. No nos importa si un método es famoso, antiguo o caro: nos importa cuántos de esos cuatro rasgos reúne, y con qué profundidad. El resto es ruido de una industria que vende mil soluciones distintas para una sola maquinaria.
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